jueves, 6 de diciembre de 2012

En cuanto José pronuncia la palabra amor se produce una onda expansiva que llega hasta Valencia y hace que un cocinero de bajo presupuesto pierda el tino con la cuchilla y se rebane un dedo. El cocinero pega un grito de dolor y la señora de los platos entra a la cocina y ve el dedo ensangrentado sobre la tabla de picar. Lo agarra fuerte del brazo y le dice -amor, tranquilo- y la palabra entra por el conducto de ventilación y llega hasta una universidad inglesa donde una chica le dice a su compañero -amor, ya no te amo-. El chico ataja la palabra, se la guarda en el bolsillo interno de la campera y se marcha hacia su casa. Al llegar se encierra en su habitación y no sale por tres días, no se quita la campera ni se esfuerza en lavarse los dientes. Al quinto día retoma las clases como si nada hubiera pasado.
Un año después, se pone esa misma campera y sale a caminar solo a media noche. Al amanecer unos mendigos de la plaza lo encuentran muerto, sin billetera ni identificación, con un pedazo de carbón en el bolsillo interno de la campera.

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