En cuanto José pronuncia la palabra amor se produce una onda
expansiva que llega hasta Valencia y hace que un cocinero de bajo
presupuesto pierda el tino con la cuchilla y se rebane un dedo. El
cocinero pega un grito de dolor y la señora de los platos entra a la
cocina y ve el dedo ensangrentado sobre la tabla de picar. Lo agarra
fuerte del brazo y le dice -amor, tranquilo- y la palabra entra
por el conducto de ventilación y llega hasta una universidad inglesa
donde una chica le dice a su compañero -amor, ya no te amo-. El chico
ataja la palabra, se la guarda en el bolsillo interno de la campera y se
marcha hacia su casa. Al llegar se encierra en su habitación y no sale
por tres días, no se quita la campera ni se esfuerza en lavarse los
dientes. Al quinto día retoma las clases como si nada hubiera pasado.
Un
año después, se pone esa misma campera y sale a caminar solo a media
noche. Al amanecer unos mendigos de la plaza lo encuentran muerto, sin
billetera ni identificación, con un pedazo de carbón en el bolsillo
interno de la campera.

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