I
Te coronaron rey de tontos y hundieron la corona de espinas en tu
carne miseriosa. Te humillaron y te escondiste en el barro. Te
exiliaron, y te fuiste sin reproches como si eso fuese lo que habías
estado esperando
II
Fuiste el pobre idiota que se animó a
revelarse sin tener un Dios ni una fé ni una idea lo suficientemente
fuerte para ser creída. Deseaste la torre de babel porque este mundo te
parecía un purgatorio siniestro. Quisiste ser el pez más profundo o el
autronauta perdido, cualquier cosa que te alejara de aquí sería buena,
porque no comprendías la vida de los hombres, no podías querer a la
mentira disfrazada de salud empleo y familia.
III
Ahora el
destierro es tu suerte y tu desgracia. Estás quedando ciego y avanzás al
tanteo, como si buscaras hallar un rostro en la oscuridad, aunque allí
solo acuda el silencio.
IV
Tropezás más de lo que caminás, y
caés de rodillas ironizando un ruego a aquel puto egocéntrico de la
bóveda celeste. Te levantás, por enésima vez, con los talones tapizados
en tierra y sangre. Hasta el viento te zurra pero seguís adelante,
cayendo, y nuevamente caminando. Y no es inercia, y no estás abatido,
porque el dolor te recuerda que estás vivo
V
Vas hacia tu destierro último en los confines del planeta.
VI
Estarás
a la deriva, hasta el día en que te desplomes en brazos de doña muerte.
Aquella que tan bien buscaste, del mismo modo que buscaste la vida.

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